En
el siglo XIX el movimiento neoclásico surge como respuesta a los objetivos de
la nación republicana, uno de sus ejemplos son el Hospicio Cabañas donde la plástica estricta de las órdenes
clásicas están representadas en sus elementos arquitectónicos,
también surgen
nuevos edificios religiosos, civiles y militares que demuestran la presencia del
neoclasicismo. Los romanticistas por un pasado visto a través de la arqueología
muestran imágenes de la Europa medieval, islámica y el México prehispánico en
la forma de elementos arquitectónicos en la construcción de pabellones feriales
internacionales buscando una identidad propia de la cultura nacional. El Art
Nouveau, y el Art Decó fueron estilos introducidos dentro del diseño del Palacio de Bellas Artes para marcar el carácter que identifica a
la nación mexicana con simbología greco-romana y prehispánica. Entre los
arquitectos criollos se pueden citar a Damián Ortiz y a Francisco Eduardo Tres
guerras
El más notable arquitecto fue el español Manuel Tolsá
Tolsá fue además pintor y escultor y legó en escultura la estatua ecuestre de Carlos IV, verdadero tesoro neoclásico


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